AmezcuaEl gobierno antidemocrático de Felipe Calderón miente cuando pregona que su llamada Reforma Hacendaria es positiva y trascendente, que resolverá grandes problemas que tienen que ver con la pobreza de las masas del pueblo mexicano y la insuficiencia e ineficacia de los servicios que el Estado debe brindar a la población, por mandato constitucional.

Calderón miente, porque si en verdad quisiera ayudar a abatir la imposibilidad que afecta a decenas de millones de jefes de familia, compatriotas nuestros, de resolver los problemas de sobrevivencia propia y de quienes de ellos dependen, atendería a otras cuestiones distintas de aquéllas de las que se ocupa su llamada Reforma Hacendaria.

Lejos de mantener una política de subordinación total al capital financiero y corporativo internacional que nos saquea y empobrece, tendría que contribuir al desarrollo de las fuerzas productivas de la Nación con independencia y equidad en la distribución del producto. Tendría que empezar por dejar de sangrar a PEMEX y permitir que esa industria nacionalizada reinvierta los recursos necesarios para que cumpla con su función de herramienta poderosa para la descolonización de México y el progreso de su pueblo, que los gobiernos neoliberales tanto han contribuido a arrebatarle; estos gobiernos, como bien se ha demostrado, cumplen la sucia tarea de saquear a PEMEX de manera premeditada para debilitarlo, con el fin de que el capital privado transnacional se apodere de ese jugosísimo negocio, que por eso codicia, porque es altamente rentable.

El gobierno tendría que invertir en el desarrollo y fortalecimiento de la industria eléctrica nacionalizada, y quitarse de esa campaña en la que ha venido insistiendo hasta la náusea, de abrirla, junto con la petrolera, al capital privado. Tendría que retomar la vía de las nacionalizaciones, abandonada desde 1982, puesto que la experiencia de México y del mundo ha mostrado la veracidad de la sentencia de Vicente Lombardo Toledano, en el sentido de que “Nacionalizar es Descolonizar”. Tendría que alentar una política de incrementos salariales y de fortalecimiento vigoroso de los ingresos de los campesinos, para propiciar el desenvolvimiento del mercado interno. Tendría, por eso mismo, que denunciar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que nos unció en grado mayor al imperialismo yanqui. Tendría que evitar la apropiación inmoral de los recursos públicos por parte de funcionarios corruptos y sus parientes, como la señora Sahagún y sus hijos, los Bribiesca; como el señor Fox y sus hermanos; como el señor Hildebrando Zavala, el cuñado de Calderón, y tendría que dejar de entregar los puestos públicos como pago de favores, a los parientes de sus cómplices de maniobras turbias, como es el caso de ese tal González, actual subsecretario de educación básica, cuyo mérito radica en es ser yerno de la tenebrosa señora Gordillo. Tendría que evitar el despilfarro de ese mismo tipo de recursos en gasto corriente, que ahora se ejerce hasta el exceso, y destinar el grueso de los mismos a atender de manera adecuada los servicios que el Estado debe otorgar al pueblo, en materia de salud y educación, sobre todo, pero también en materia de cultura, recreación y deporte, de seguridad pública, etcétera, servicios que se vuelto miserables por su nula calidad e insuficiencia. Y de manera muy importante, tendría que destinar una parte significativa de los recursos públicos a desarrollar las fuerzas productivas que la Nación requiere para afirmar su soberanía e independencia con respecto del imperialismo. Eso haría un gobierno que respondiera a los intereses de la Nación y del pueblo; no es el caso del que encabeza Calderón, eso está muy claro.

Se dirá que no alcanzan los ingresos actuales del gobierno para todas esas cosas, y es cierto. Pero después de sanear la economía, de evitar el robo y el despilfarro, el gobierno tendría que buscar los recursos adicionales necesarios, con cargo al capital privado, sobre todo al gran capital, al capital especulativo; tendría que cumplir con el mandato constitucional vigente sobre la equidad contributiva, y dejar de gravar casi en exclusiva a los trabajadores asalariados, a quines se ha convertido en contribuyentes fundamentales y cautivos, al mismo tiempo que a los depredadores, que por serlo se han vuelto millonarios, se les llena de privilegios fiscales.

Perderá su tiempo quien quiera encontrar algo positivo en la iniciativa llamada de Reforma Hacendaria. Y perderá su tiempo quien entre al detalle, a las cuestiones técnicas concretas, si lo hace con la ilusión de que así podrá enmendar la iniciativa. Nada de ella sirve, desde el punto de vista de los intereses populares, nada es rescatable, puesto que se trata de un proyecto que responde a lo que el gobierno de Calderón es, a su esencia, desde el punto de vista nacional, y también desde los puntos de vista clasista, ideológico y programático: se trata de un gobierno neoliberal, al servicio del capital financiero y corporativo internacional y de los más poderosos y despiadados explotadores del pueblo; se trata de un gobierno hostil a la clase trabajadora y entreguista frente a los poderosos del mundo, se trata de un gobierno que es fiel continuador del de Fox, como éste lo fue del de Zedillo, y éste del de Salinas, y antes de éste, el de Miguel de la Madrid. Porque todo esto, no hay que olvidarlo, empezó hace veinticinco años, en 1982, para ser exactos.

Para concluir con el tema, hay que decir que de igual manera perderá su tiempo quien espere que del debate público –y en particular, el parlamentario- surja una reforma justa en materia hacendaria. Esto no es posible en la actualidad porque la correlación de fuerzas no lo permite, ni lo permiten las características que tienen las instituciones hoy en día, que son resultado de la globalización neoliberal: el hecho es que ambas cámaras, la de diputados y la de senadores, están integradas en altísimo porcentaje –casi en exclusiva- por políticos al servicio del mismo proyecto, que impulsa el imperialismo. Y los Poderes de la Unión, por su parte, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, son antidemocráticos, en tanto que son ajenos a la voluntad popular; además, son corruptos, puesto que están al servicio de los poderosos y obedecen a la lógica del mercado; y son antinacionales, porque se han subordinado a los diseños y mandatos del imperialismo.

Por eso, en las circunstancias de hoy, la tarea esencial e inexcusable de las fuerzas democráticas, patrióticas y revolucionarias es la de contribuir al desarrollo de un movimiento de masas contra el neoliberalismo y el imperialismo cada vez más articulado, mejor orientado y más combativo y unitario que, como resultado de sus luchas, logre cambiar la correlación de las fuerzas políticas y sociales en la arena nacional, y cambie asimismo las instituciones actuales por otras diferentes, que respondan a los intereses de la Nación y del pueblo.

Cuauhtémoc Amezcua Dromundo
Ciudad de México, julio 11 de 2007